Tres mochilas llenas de ropa y suministros de emergencia están listas para la acción en el garaje de George y Norma Yasmine, su automóvil también está lleno de combustible y listo para arrancar.

 

Los residentes de Las Vegas no dejan nada al azar en lo que respecta a la seguridad después de que el Camp Fire los obligara a evacuar su hogar en Paradise, California, en el 2018. “Solo queríamos salir de allí vivos”, dijo Norma Yasmine. “Esa fue una llamada de atención”.

 

Dado que los fenómenos meteorológicos extremos han aumentado en frecuencia y gravedad en los últimos años, los expertos instan a las familias a prepararse anticipadamente para los desastres naturales. Ready.gov, un sitio web de FEMA, recomienda juntar una “cantidad de artículos básicos” para varios días, como comida, agua, un cambio de ropa, efectivo y una linterna.

 

Los Yasmine también revisan y actualizan el contenido de sus mochilas de emergencia cada pocos meses a medida que los artículos caducan. “Siempre está cambiando un poco”, dijo George Yasmine.

 

Ellos le dan crédito a los recordatorios regulares de preparación para desastres que reciben a través de su congregación de testigos de Jehová y en el sitio oficial de Internet de la organización cristiana, jw.org, por ayudarlos a mantenerse preparados.

 

Solo un par de semanas antes de que comenzara el Camp Fire, su congregación había discutido la preparación para desastres durante su reunión de entre semana, y todos recibieron una lista de artículos para poner en sus mochilas de emergencia.

 

“Cuando un desastre natural llega inesperadamente, el estar preparados puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte”, dijo Robert Hendriks, portavoz en EE.UU. de la organización cristiana. “No podemos decir simplemente que la vida es preciosa; tenemos que vivir esas palabras. Por eso tiene tanto sentido el consejo bíblico de tomar medidas prácticas para protegernos del peligro a nosotros mismos y a nuestras familias, aunque la amenaza parezca lejana”.

 

Hasta hace poco, Michael y Crystal Brook, de Colorado, solo pensaban que los incendios forestales eran una amenaza para quienes viven en las laderas de Las Montañas Rocosas, sin imaginar que su casa en las faldas de la montaña correría peligro.

 

Aun así, siguiendo el consejo de esperar lo inesperado, los Brook prepararon mochilas de emergencia, utilizando el artículo de jw.orgCuando golpea un desastre. Qué hacer para sobrevivir“.

En diciembre pasado, sus esfuerzos valieron la pena cuando el incendio de Marshall, uno sin precedentes alimentado por las condiciones de sequía y fuertes vientos, arrasó casas y negocios en el condado de Boulder.

 

En medio del caos de la evacuación de su comunidad y mientras las llamas se elevaban por la autopista interestatal cerca de su casa y las columnas de humo oscurecían el cielo del mediodía, los Brook agarraron sus mochilas de emergencia, almohadas, además de juguetes para ayudar a mantener tranquila a su hija Annastyn, de 6 años.

 

Michael recuerda el pánico de todos. “No sabían qué hacer”, dijo.

 

Aunque la casa de los Brook sólo sufrió daños menores a causa del humo y sus mochilas de emergencia no se utilizaron, ellos creen que estar preparados les ayudó a mantener la calma y a actuar con rapidez bajo presión. “Tener las mochilas de emergencia simplificó todo”, dijo Michael.

 

“Hoy, cualquier cosa puede ocurrir en cualquier momento y en cualquier lugar”, añadió Crystal. “Es bueno estar preparado”.

 

En Louisa, Kentucky, ciudad propensa a inundaciones, Brandon y C’onia Fitch lograron que preparar las mochilas fuera algo divertido para sus niños Nolan, Gavin y Stella, dejándoles elegir las mochilas, los juguetes y bocadillos favoritos.

 

“Todos en la familia participaron al preparar las mochilas”, dijo Brandon. “Saben qué contienen y dónde encontrarlas”.

 

La importancia de estar “listo con la mochila” se puso a prueba el año pasado cuando las aguas rodearon su casa en la zona rural de los Apalaches.

 

En plena oscuridad y con el agua helada subiendo dentro de su casa, los Fitch pusieron sus mochilas -y a Princess Pickles, la querida conejillo de indias de Stella, de 6 años- en el carro y manejaron a un terreno más alto.

 

Por la mañana, cuatro pies de agua con lodo habían devastado la casa de los Fitch, lo cual destacó el valor de esforzarse en prepararse.

 

“El pánico desapareció un poco”, dijo C’onia. “Parecía una tarea de enormes proporciones… pero estoy muy contenta de haberlo hecho”.

 

“No te arrepentirás”, coincidió Nolan, de 16 años. “Podría salvarte la vida”.

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